miércoles, 22 de febrero de 2017

UN LIBRO QUE REIVINDICA CIERTOS ASPECTOS POCO RECORDADOS DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN JUJUY




(Carlos María Romero Sosa, se publicó en ÁPICES, número XIX correspondiente al año 2017.)

martes, 21 de febrero de 2017

CONTRADICCIÓN: Sobre la detención del general César Milani acusado de graves violaciones a los derechos humanos








                                                                       Sobre la detención del general César Milani en La Rioja,  acusado de  participar en secuestros durante la última dictadura, como de todo hecho y para el caso de la resonancia pública del presente, cabe hacer diferentes lecturas. La primera indudablemente compromete al anterior gobierno, que habiendo tomado como bandera la defensa de los derechos humanos lo catapultó a la jefatura del ejército, haciendo oídos sordos a las varias denuncias sobre sus presuntas actividades ilegales en los años de plomo.
                                                             Empero, también, será atendible considerar al respecto algo que se ha  podido advertir desde que comenzó a circular la noticia de la prisión preventiva del militar. Se trata de la no ocultada satisfacción  de ciertos factores de poder, léase medios o multimedios,  por la actual situación procesal de Milani; cosa compartible si se está de acuerdo con que todo genocida debe estar preso sea quien sea. 
                                                             Sin embargo, se desprende de esa publicada complacencia una interrogación:  ¿para algunos analistas, el pecado de Milani fue su participación en la llamada guerra sucia o haber pertenecido del gobierno de la doctora Cristina Fernández de Kirchner; y en tal caso, la penalidad por aquel  delito no valdrá sobre todo para castigar este otro?
                                                           ¿Por qué? Pues porque  no es novedad alguna que esos mismos grupos de presión -hablo de tales lobbys y no de los familiares de procesados o condenados cuya preocupación y sufrimiento humanamente se comprende-, ya desde antes de asumir el actual presidente comenzaron o  intensificaron una campaña a favor de que se detengan los juicios por delitos de lesa humanidad. Y lo vienen haciendo con apelación  a todo tipo de argumentos: desde la invitación a mirar hacia delante y cerrar el pasado, al negacionismo liso y llano. Y desde un súbito bautismo en la fe del recientemente fallecido pensador francobúlgaro  Tzvetan Todorov y su tesis sobre los “abusos de la memoria”, a enternecer con reclamos por la alta edad de los presos, tema que  no convendría agitar mucho porque surgen de inmediato en la memoria colectiva, a contrario sensu,  por ejemplo los cortos años de las víctimas de la Noche de los Lápices o los días apenas de vida de los bebés robados.  
                                                         El oxímoron es un válido recurso literario, la incoherencia interesada en materia política se llama cinismo.              

(Carlos María Romero Sosa, se publicó en Salta Libre, el 20 de febrero de 2017 y se reprodujo en La Prensa el 21 de febrero.) 

viernes, 10 de febrero de 2017

DE NECOCHEA AL REY SALOMÓN






                                                             Un lector de La Prensa criticó el sábado 4 de febrero el fallo del  magistrado del Tribunal 1 de Necochea que juzga  inconstitucional la ley, promulgada por la dictadura  que se instauró en el país en 1966, por la que se sanciona con multa al que ofenda la decencia pública. Pero el juez Mario Juliano fue más allá en su decisorio y lejos de lavarse las manos argumentó, es de entender que con lógica y sano criterio jurídico,  sobre la vaguedad de aquella norma y, para el caso concreto,  atendió a la imposibilidad de convenir hoy si el topless puede ser tenido por obsceno. Por cierto las vestimentas responden a imperativos culturales y el taparse o destaparse ciertas partes del cuerpo trasuntan actitudes que se han ido modificando o acentuando a través de la historia.
                                                                       Pero aparte del caso de las bañistas de la playa de Necochea, suceso que epilogó con una innecesaria movilización policial y sin duda fue algo frívolo en sí mismo, ya que parece más motivado por el afán de  buscar un quemado parejo que de erigirse en un testimonio feminista y libertario, se vienen  sucediendo otros incidentes  ocasionados porque varias madres, de diferentes condiciones sociales y en lugares bien distintos,  amamantaron en público.  Aunque el gusto amargo que queda  de esos escándalos, que  no debieran serlo, se debe  a cuestiones que nada tienen que ver con el seudopudor mojigato; como que cabe hacerse una  lacerante y nada abstracta pregunta: cuántos de esos u otros niños cuando dejen de ser alimentados así comerán salteado.
                                                           Dado que el lector en su correo se refiere anatómicamente a las “glándulas mamarias”, vale recordar que también –y mejor-  son los “cervatillos mellizos”, en términos del rey Salomón en el “Cantar de los Cantares” y que según Novalis: “El seno es el pecho elevado a estado de misterio, el pecho moralizado”.   Y como  el arte viene diciendo desde siempre mucho a su respecto, vale la pena recordar  que el escritor español de larga radicación en Buenos Aires, Ramón Gómez de la Serna (1988-1963) publicó en 1918 en Madrid su libro “Senos”, que fue reeditado aquí en 1979 en cuatro volúmenes con xilografías de Víctor Rebuffo, Luis Seoane, José Manuel Moraña y Albino Fernández. En el prólogo, Ramón, aquel ingenio “que ha inventariado el mundo” en palabras de Borges, escribió: “Nadie más que el genial Creador podía escultorizar tan suaves quimeras. Los senos son los salvavidas de la muerte. En ellos está todo el peso de la naturaleza, del aire, y del arte.”  
      

(Carlos María Romero Sosa, se publicó en La Prensa el 7 de febrero de 2017)

jueves, 2 de febrero de 2017

RUBEN DARÍO Y SU AMISTAD CON EL ESCRITOR DOMINICANO FABIO FIALLO





(Carlos María Romero Sosa, se publicó en el número XIX de APICES)

domingo, 29 de enero de 2017

LAILA NEFFA, UN PUENTE ENTRE LENGUAS Y CULTURAS

                                                        
                                                                   Laila del viento y de la luz y el verso,
                                                                                             Laila de alguna antigua hechicería,
                                                                                             Laila del sabio corazón inmerso
                                                                                             entre cedros, como una alegoría.
                                                                                                        Dora Isella Russell
                                                       


                                                         En 1921, cuando ejercía la presidencia del Uruguay Baltasar Brum –dirigente del Partido Colorado y después mártir de la libertad bajo la dictadura derechista de Gabriel Terra-, arribó a Montevideo Rezcala Neffa (1887-1964), un joven y emprendedor libanés de fe católica maronita quien fue con los años prominente hombre de negocios y al que en mérito a su prestigio el gobierno libanés, al acceder a la independencia su patria en 1943, lo designó primer cónsul en la capital del país de Artigas. A poco de llegar casó con una joven también de su comunidad y religión: Zubaide Chain y de ese  matrimonio nacieron tres hijos: Laila, Suhad y Ais fallecido en la adolescencia.
                                                            Laila Neffa, educada trilingüe en castellano, francés y árabe y lectora apasionada,  demostró ya en  la infancia inclinación por las letras y  a la edad en que se comienzan a suplantar las fantasías de la niñez por las ensoñaciones juveniles, llevó a cabo el desafío de verter al español poemas y sentencias de Gibrán Jalil Gibrán, Marie Ziade,  Al Karane, Jorge Assaf y Tufic Muffarrey .
                                                   Tan temprana vocación literaria recibió el espaldarazo de sus profesores en el Liceo Zorrilla: Emilio Oribe y Juan Carlos Sabat Pebet, docentes que  para ella fueron auténticos maestros  y guías espirituales. También tuvo el aliento de Juana de Ibarbourou y la poeta de “Las lenguas de diamante” prologó su primer libro: “Voces de Oriente. Trozos de literatura árabe. Traducción y notas biográficas”; una antología con las versiones de los creadores libaneses antes mencionados que se publicó en Montevideo en 1938. “De las huríes del Profeta –escribió entonces Juana de América- desciende, sin duda, esta niña de pura ascendencia árabe y de rostro cuya belleza es una confirmación de la célebre hermosura que ha hecho famosa a las mujeres de su raza, Laila Neffa (…). Vino hacia mí, trayendo una carpeta con traducciones de Gibrán Jalil Gibrán, el maravilloso poeta libanés, que bajo el milenario cedro de Bcharri, hizo canción de sus sueños, y, para asombro y beatitud del mundo, transformó en profunda poesía, su juventud signada por el dedo de la locura”.  
                                                      La aparición de “Voces de Oriente” resultó todo un acontecimiento cultural en el medio uruguayo y no sólo allí. La obra mereció juicios consagratorios del afamado Cónsul General de Turquía en Buenos Aires -a quien Lugones dedicara el “Romance del Rey de Persia”-: el Emir Emin Arslán, de los argentinos Raimundo Lida, Bernardo Canal Feijóo, Fermín Estrella Gutiérrez, Arturo Capdevila, César Tiempo  o Emilio Ravignani; así como de  personalidades y medios  de prensa de Brasil, Colombia, México, España, a los que se sumaron los ecos provenientes del Líbano y hasta del Lejano Oriente, sin dejar de recordar  la conceptuosa carta autógrafa que envió a la autora el filólogo, romanista e hispanista alemán Kart Vossler. 
                                   
                                                    Si bien cuando Laila se inició en las letras la mayoría de los escritores uruguayos de la llamada Generación del Novecientos, con Rodó a la cabeza, habían muerto a excepción de Horacio Quiroga que se suicidó en 1937, Carlos Reyles fallecido en 1938 y el filósofo Carlos Vaz Ferreira que vivió hasta 1958, le fue dado  a ella mantener trato amistoso y hasta discipular, en ocasiones, con varias otras figuras culturales de prestigio nacional y renombre internacional. Así con Carlos Sabat Ercasty tan admirado por Neruda, con Jules Supervielle, con los nombrados Oribe y Sabat Pebet, con el pintor  y teórico del arte Joaquín  Torres García o con el escritor épico y escénico de “Los Mayas” y “La epopeya de Bolívar”, general  Edgardo Ubaldo Genta.                 
                                               En 1943 entregó a la imprenta un segundo volumen de traducciones de escritores libaneses contemporáneos y entonces Emilio Frugoni, el  prosista de “La esfinge roja” además de poeta, jurista, diplomático, parlamentario y fundador en 1910 del Partido Socialista del Uruguay le expresó, en carta fechada en enero de 1944,  entre otros conceptos elogiosos: “Estoy en deuda con Ud. desde sus “Voces de Oriente” donde su fino espíritu femenino y su inteligencia penetrante resplandecen en el arte de fieles traducciones y en la aguda comprensión del alma y el genio de un gran poeta inmortal de su raza y del mundo”    

                                           Un par de  años antes, sin duda inspirada en los diálogos sobre temas cervantinos que sostenía con Sabat Pebet, autor algo más tarde de “Cervantes, en la aventura entre el querer y el poder”,  puso punto final al ensayo “De Don Quijote a Carlitos Chaplin”, un paralelismo entre el Caballero de la Triste Figura y el genial personaje cinematográfico de risible galera y bastón, vinculados a través de los siglos por el ideal y a veces la tristeza o al menos la triste sonrisa. En tanto, trabajaba los sonetos y otras formas poéticas  que integrarían su primer poemario: “Aís” (1951),  homenaje de tono elegiaco al hermano muerto.   Luego de un prolongado tiempo sin editar libros, aunque no de silencio dado que publicaba a menudo en diarios y revistas de ambas orillas del Plata y comenzó a colaborar en La Prensa en 1964, dio a la imprenta en 1999 “El ángel y la rosa”  y en 2006 “El universo de la rosa”, ambos ilustrados por Hermenegildo Sábat y cabales  testimonios, uno y otro, de ductilidad poética, dominio métrico y estilístico,  alta inspiración y  edificante mensaje espiritual. Algunos de los sonetos de esos libros, “de elocuencia digna de Quevedo”, a juicio de Federico Peltzer, son antológicos en su leve melancolía: “Es el otoño irremisible y tierno./ Es la paz que nos llega de algún lado,/ en la sangre y el goce sosegado./ Las voces se decantan y el invierno/ resbala suavemente en el materno/ cuenco de trascendido, enamorado/ y rutilante barro despiadado,/ sin auroras, voraz y a veces tierno./ En nubes de memoria se diluyen/ trofeos, sueños y batallas. Rondan/ los vientos entre quietas ramas blancas/ y viejas soledades fieles huyen/ y vuelven y nos hablan y se ahondan/ y nos tienden sus leves alas francas” (Otoño)     
                                         Laila Neffa se casó en 1958 –antes de obtener la ciudadanía argentina- con el hombre público y diplomático doctor Guillermo de la Plaza (1918-2011), pariente próximo del presidente Victorino de la Plaza y embajador de la República Argentina en Uruguay durante ocho años, donde concretó la firma del  Tratado del Río de la Plata entre la Argentina y el Uruguay. (Antes de la Plaza fue embajador en Bolivia y después lo sería en el Líbano).  De manera especial en Montevideo, y previsiblemente dado su arraigo familiar, el papel de la esposa del jefe de la representación de nuestro país, entonces con sede en el Palacio Berro,  trascendió  el aspecto protocolar. Testigo de ello fueron, por ejemplo, los entonces funcionarios de la embajada y destacados escritores Silvia Ovejero y Javier Fernández, que ya retirados seguían comentando el hecho con simpatía.  
                                      Hoy, en sus altos años, en su casa de la calle Larrea y Santa Fe en el barrio de Recoleta, vive  rodeada de recuerdos que no la anclan en el pasado. Sigue escribiendo y con su  ingenio, amabilidad, fineza y cultura sabe dar a las reuniones amistosas que convoca, el toque mágico de auténticas tertulias culturales.
                                       A veces, en medio de ellas, miro por algún ventanal e intuyo afuera el apuro de tantos seres sin  tiempo para deleitarse con los eternos valores del arte y la belleza.      

                                            (Carlos María Romero Sosa, se publicó en La Prensa, el 29 de enero de 2017)

sábado, 28 de enero de 2017

PREGUNTAS ANTE DOS NOTORIAS PÉRDIDAS CULTURALES





                                                                  Como es de público conocimiento, este comienzo de año murieron en fechas próximas el escritor Ricardo Piglia y el folclorista Horacio Guarany. El primero, el 6 de enero, y el segundo, el 13 del mismo mes. Inevitablemente surgen dudas sobre la consideración oficial debida a una y otra figura. Como que cabe preguntarse entonces, porqué Ricardo Piglia, autor y profesor universitario de prestigio internacional, no fue designado en su hora miembro de número de la Academia Argentina de Letras, lo cual permite suponer y hasta confirmar que si bien –y será de  descontarlo- han de ser merecedores a la inmortalidad académica todos los que hoy conforman la corporación, no ocupan -ni ocuparon- allí sitiales, personalidades  que en rigor correspondería que los tuvieran.
                                                                    En cuanto a Horacio Guarany, que además de su impar trayectoria artística fue un comprometido defensor de causas nobles en actitud militante que le significó recibir amenazas, sufrir atentados y finalmente tener que optar por el exilio,  más de un seguidor del folclorista debe haber querido saber, no sin cierta frustración,  cuál fue la razón por la que luego de  conocerse la noticia de su fallecimiento, no se  declaró duelo nacional como sí se hizo en tiempos pasados,  con toda justicia, ante la desaparición de otros cantantes populares.
                                                                    Es penoso que nuestra comunidad y sus autoridades olviden  aquella expresión que acuñó José Martí: “Honrar honra”.  


  (Carlos María Romero Sosa, se publicó en Calchaquimix, el 27 de enero de 2017 y se dio a conocer en texto algo más breve en La Prensa, también el  27 de enero del año en curso.)   

jueves, 19 de enero de 2017

“DESCOMER” HOY Y “SINMIGO” AYER



                                                 Hubo una vez en la política argentina un pobre hombre, aunque sin duda de auténticas convicciones llamado Herminio Iglesias. Cierto día dijo  aquello de “conmigo o sinmigo” y las burlas no se hicieron esperar. Qué podía pedirse, según el  razonamiento de muchos, de ese caudillo duro de la ciudad de Avellaneda, el antiguo feudo de Barceló y “Ruggierito” donde la forma de hacer política, fuera en los años treinta de ideología conservadora o de sentimiento peronista después de los cuarenta, se caracterizaba por mantener rasgos patoteriles y populacheros; o de vacío populismo como se dice ahora.
                                                Lo grotesco del personaje aparecía nítido en el neologismo con resonancias de vocablo arcaico  pronunciado por el vociferante candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1983. Pero Herminio Iglesias no fue elegido por el pueblo bonaerense que dio su voto al médico radical Alejandro Armendáriz y su estrella declinó pronto, más allá de alcanzar una diputación en 1989 y una concejalía en Avellaneda diez años después. El tosco y  derechoso personaje dejó de representar un peligro para la escasamente afianzada cultura democrática del país a poco salido de la dictadura del Proceso.
                                                Pasaron las décadas y en 2015 llegó un gobierno de buenas maneras y anuncios de cambio a tambor batiente. Sin embargo  hoy, dando un  nuevo argumento a la teoría del “corsi e ricorsi” de la historia propuesta en su hora por Giambattista Vico, otro hombre público, Secretario de Empleo del Ministerio de Trabajo para más datos,  acaba de mencionar un término desusado, coloquial y hasta  escatológico: “descomer”, para el caso con la finalidad de justificar y promover una flexibilización laboral macrista, tanto más cruel  en estos tiempos donde se erige como un fantasma  el fin del trabajo vaticinado por el Premio Nobel Joseph Stiglitz.
                                                Me pregunto si será tomado tan en chiste y recibirá parecido escarnio por parte de los medios, la dirigencia y gran parte de la ciudadanía el actual funcionario y exitoso empresario del grupo Techint,  como en su momento los sufriera Herminio, quien pese a todos sus desaguisados y más que reprochables exabruptos de corte fascistoide, firmó en septiembre de 1979, junto a Deolindo Bittel, el documento del Partido Justicialista saludando a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, cuando tantos bien hablados callaban. O peor todavía justificaban, mientras lucían orgullosos y serviles en los cristales de sus automóviles, calcomanías con la miserable expresión de que los argentinos éramos derechos y humanos.

   (Carlos María Romero Sosa, se publicó en Saltalibre.net el 18 de enero de 2017 y se reprodujo en Con Nuestra América)