sábado, 8 de septiembre de 2018

EL DESGASTADO “YO ES OTRO” DE MAURICIO MACRI





    Con la destitución de Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, Vicejefes de Gabinete, en abrupta salida motivada por la crisis cambiaria -y no sólo cambiaria- que vive la Argentina, se ha deshilachado el yo del presidente Macri. En efecto, es sabido que al comienzo de su gestión aseguró poniendo una valla infranqueable a las críticas despertadas ante la impertinencia y falta de humanidad de esos funcionarios cuando los despidos masivos de finales de 2015 y principios de 2016, que la triada integrada por ellos y por su superior Marcos Peña, Jefe de Gabinete de Ministros, eran él mismo. Toda una definición que hace suponer que el ingeniero es un asiduo lector de Rimbaud, que  escribió  en las llamadas “Cartas del Vidente” de 1871 aquello de  “Car Je est un autre” (“Porque yo es otro”).  
    El pueblo sufriente producto de la crisis que divierte a la diputada Elisa Carrió, no sabe  y no le importa esos desdoblamientos de su personalidad. Ni la reacción de los mercados ante las nuevas medidas económicas anunciadas así como no entra en sus preocupaciones la cacareada meta del déficit cero,  que  de alcanzarse en un país que no crece, será a costa de su hambre y su miseria. Cerrar los números macroeconómicos puede en circunstancias como las actuales representar una encerrona para los de abajo.
    La mentira por la que orbita el gobierno se advierte en cada uno de sus eslóganes como la ahora anunciada con bombos y platillos reducción de ministerios. Justamente las mismas carteras que al principio de la gestión de la  administración de Cambiemos, neoliberal en lo ideológico,  oligárquica por la clase a la que representa y beneficia y carente de idoneidad a punto tal que perdió toda credibilidad en el exterior,  se multiplicaron para poner al frente de cada una de ellas a un amigo empresario o al licenciado Jorge Triaca en Trabajo, el hijo de un sindicalista invariablemente traidor a la clase obrera. Y alguien capaz de mostrar a poco de iniciada su gestión que lo que se hereda no se hurta con el escándalo de su empleada doméstica a la que insultó, no le hizo los aportes previsionales correspondientes y para tranquilizar su conciencia la designó en un cargo pagado por un sindicato al que había intervenido en sus atribuciones de ministro. Una farsa pues es el achique del Estado en lo que hace a sus cabezas y al juego de ascensores de bajar ministerios a secretarías. Además la lealtad de Macri con sus amigos y ex compañeros del Colegio Newman es inquebrantable y los pocos idos en estos Idus de septiembre como Quintana y Lopetegui, continuarán cobrando abultados salarios y gozando de prebendas oficiales mediante nuevas y oportunas designaciones que pasarán desapercibidas a no ser para los asiduos lectores del Boletín Oficial que encontrarán en los próximos días decretos con sus nombramientos como asesores. Pero la soga se corta por la más fino y  los despidos en serio en el sector público, y no para la platea,  han sido, son y serán de empleados administrativos de planta o precariamente contratados, tal como sucedió hace poco en  TELAM y por estos días en el Ministerio de Agroindustria donde se cesanteó a más de quinientos trabajadores.
    En una increíble aparición en cadena en la mañana del 3 de septiembre del corriente, Macri aparte de insultar a Venezuela, repartió culpas por el desastre económico que en pocas semanas llevó el dólar de veintitantos pesos a más de cuarenta, al tiempo  que en una carrera alocada y vana por frenarlo el Banco Central malgastó casi 10000 millones de dólares de sus reservas. Culpó a la sequía, a la crisis turca, a la guerra comercial entre los Estrados Unidos y China, a la suba mundial del petróleo y al “affaire” de los famosos “cuadernos” con los que se pretende desaforar y encarcelar a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en una versión  tango de la prisión de Lula da Silva en Brasil y del complot para hacer otro tanto con Rafael Correa en Ecuador. De todas esas excusas para diluir su responsabilidad e ineptitud, no es raro que pueda haber incidido en nuestra crisis y en el descreimiento exterior que nos cortó el crédito,  la inseguridad jurídica que a todas luces  pone en evidencia la irregular investigación judicial de los “cuadernos”, tras una  burda operación de los servicios de inteligencia tendiente a desprestigiar al anterior gobierno. En ese sentido que Macri  haya bebido de su propia medicina  importa poco, lástima que el veneno viene enfermando al pueblo trabajador y a las clases medias cada día más pauperizadas.  El coro de los periodistas militantes de Cambiemos se escandaliza frente a los que presuntamente robaron para hacer política y nada dice de la camarilla gobernante que hace política o marketing de ella para robar y gestionar la cosa pública en beneficio de sus familias y empresas.
    Mientras tanto la economía se achica, el peso se devalúa por minuto, la inflación galopa, la riqueza se concentra en pocas manos, la Argentina dejó de crecer  y no hay  una palabra entre las medidas adoptadas y prestas a ser convalidadas por el FMI y el Imperio, para salvar a las PYMES endeudadas con tasas de interés de 60%; ni para que los servicios públicos puedan ser abonados por los jubilados sin tener que sacar usurarios créditos en los bancos amigos del poder; ni para elevar el nivel de vida de los habitantes maltrechos por la falta de salud pública, de educación pública, de seguridad pública y agobiados por impuestos que más de un integrante del gabinete sabe evadir mediante sociedades offshore registradas en paraísos fiscales. A falta de pan en tantas mesas como denuncian los curas villeros, la llamada mesa chica de Macri se agranda con tristes personajes como el sospechado  ex Intendente de la ciudad de Buenos Aires del   menemismo Carlos Grosso, antiguo empleado según Clarín de la gerencia de Socma de Franco Macri, el papá que en un gesto de lucidez anticipó que su hijo no era para la política.           
  

 (Carlos María Romero Sosa, se publicó en Salta Libre. Net el 4 de septiembre de 2018 y se reprodujo en la Revista Con Nuestra América, de San José de Costa Rica, el 8 de septiembre de 2018.

SÍNTESIS POÉTICA SANMARTINIANA Y TANGUÍSTICA

                                                 
   Sobre el general San Martín se ha dicho todo, o casi todo; y cabe la salvedad porque en tanto los historiadores siguen revisando aspectos de su biografía, la literatura recrea su humanidad y sus acciones públicas. En décadas más o menos recientes, con una dimensión académica: “Don José”, de José Ignacio García Hamilton y con otra literaria más que propiamente erudita aunque nutrida de excelente acopio informativo: “José de San Martín. El libertador cabalga”, de Agustín Pérez Pardilla, resultan  ejemplos de ambas formas de aproximación a su figura.  
  Pero incluso el arte puede ir más lejos de la historia novelada y fiel a su misión creadora prescindir de documentos fidedignos y hacer a un lado  las cronologías  y no por eso actuar con mendacidad, toda vez que imaginar es entrar en otra  realidad. En tal caso, el secreto del autor será saber jugar bien con sus fantasías y con las circunstancias, para hacer  sugerente  y creíble hasta el mismísimo anacronismo.  Son estas cualidades y calidades algunas de las que enriquecen y dan perspectiva al último libro de Luis A. Navalesi: “El canto de las visiones del General San Martín. Fundación mitológica del tango”; poesía y prosa entrelazadas que evocan e invocan sobre todo, tanto al Padre de la Patria como a la canción porteña –o rioplatense- y por cierto al Borges de las milongas y desde el mismo título al de la “Fundación Mítica de Buenos Aires”. En ese sentido no podía hacerse mejor y más oportuna síntesis de tres de nuestros más vigentes símbolos nacionales.
     El autor, un experto en lingüística y filología,  ensayista, poeta, periodista, fundador y director de medios gráficos, es alguien  con  suficientemente “megalopxigía” –tal los griegos denominaban el alma grande- como para sostener una existencia signada por la vocación  humanística y la actitud humanitaria hacia los semejantes coherente con  una militancia  política, por cierto sin cargos públicos y sí con prisiones y persecuciones en tiempos de dictaduras.  Navalesi es uno de los sobrevivientes del ya legendario grupo poético “El pan duro”,  surgido a finales de los años cincuenta de la pasada centuria e hito de la Generación del 60.  Grupo al que pertenecieron, entre otros,  Juan Gelman, Héctor Negro, Hugo Ditaranto, Julio César Silvain, Humberto Constantini y la poeta y traductora Juana Bignozzi. Hasta el presente  publicó los siguientes libros de poemas: “Tiempo nuevo” (1960), “La poesía encarcelada” (1963), “La madre” –prologado por el sindicalista Raimundo Ongaro y editado por la Federación Gráfica Bonaerense- (1973), “Versos de la Comuna” (1975),  “Carta de lejos o los hijos del país” (2010) y “De Sur en Sur” (2015). Asimismo abordó el  ensayo en  “Fragmentos de tanguidad”.   
  El “Canto de las visiones del General San Martín”, está constituido por una sucesión de coplas donde jamás le falla el oído –cosa lógica al ser músico y compositor también; muchos recordarán su tango “Rayuela” que difundió Lidia Borda- , el ritmo, la asonancia nunca ripiosa, la frescura  y la gracia que caracterizan esa forma poética de tan rica  tradición en las letras castellanas.  Son  coplas con unidad temática que cuentan una historia: “La noche en que San Martín/ Bailó el tango en vez primera”. Por cierto no ha pretendido fundamentar con dato o indicio alguno su imaginativa propuesta en las páginas en prosa que siguen al poema dividido en tres partes  intercaladas con coros, en la línea de los cielitos criollos y las tonadas cuyanas.  Aunque sí puede tomarse como pista de la fantasía urdida, la incorporación  al comienzo y a modo de ilustración   proporcionada por el fotógrafo y miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes Luis Príamo, de una imagen  que hace referencia a las tradiciones que dan cuenta que el héroe era ejecutante de la guitarra. Algo que anotó en su hora Alberdi y una cuestión que en siglo XX retomó el musicólogo Carlos Vega llegando a  destacar  que en cierto momento –quizá en la España de su adolescencia y juventud guerrera contra las tropas napoleónicas, pero lo más probable es que haya sido en la Francia de su exilio, como sostuvo  José Ignacio García Hamilton en “Don José”- llegó a tomar lecciones del instrumento con el maestro Fernando Sor (1778-1839), un virtuoso y compositor español, natural de Barcelona,  conocido como el “Beethoven de la guitarra” y creador de obras guitarrísticas y orquestales.
  Ese clima que trasunta el poemario de Edad de Oro donde todo está abierto al devenir con fuerza ordenadora que irrumpe, permite interpretar en las referencias a Fernando Sor y  la guitarra, que en alguna nota, en algún acorde de primas o bordonas, quizá acariciadas por el propio Libertador mientras pensaba tácticas militares,  pudo haberse despertado atraído por su sensibilidad artística,  la intuición o mejor la revelación del futuro tango. Y así al General le será dado distinguir antes de su nacimiento, allá por los arrabales de Buenos Aires más o menos entre 1870 y 1880, una danza con “poses indignas” que habrá de insinuársele en la fría noche mendocina de El Plumerillo en 1816 o 1817. Visión cruda  y sensual del “reptil de lupanar” de la descalificación de Leopoldo Lugones. Laberinto ritual de  piernas entrelazadas, primero, y después, al reclamar letra los compases del dos por cuatro, llenándose con el desánimo y la  nostalgia del “post coitum tristitia” del aforismo galénico. Es que está el tango en potencia y en acto frente a Él; el tango en su desnudez  intrauterina y ya con ADN propio en su envolvente mixtura de  milonga,  habanera,  fado portugués, candombe…: “Desde la hoguera insolente,/El fuego, como si hablara,/ Agita lenguas ardientes/ Y le hace burla en la cara./ Él, que era todo pensar/ En el cruce de los Andes…/ Le cruzan al General/Visiones “Que Dios nos guarde.”/ Porque en la llama está él/ O el Otro y si bien se mira/ Baila unido a una mujer/ Y están que arden en la pira.”
  Será de imaginar entonces los lodazales del campamento donde vivaqueaba junto a los hombres a su mando mientras “la noche lo acosa” y “el tiempo atrasa”, o adelanta; y hasta se advertirá que aquellos fangales parecen anticipar el “barro y pampa” del tango canción de Homero Manzi y Aníbal Troilo grabado originalmente  por Edmundo Rivero en 1948. Sólo que aquí el Santo de la Espada de la visión mediúmnica de Ricardo Rojas,  no ha de evocar ningún  Sur porteñamente pompeyano,  sino que le es dado soñar  despierto con el extendido oeste de un Chile a liberar y  un Norte, tanto punto cardinal cuanto horizonte de su estrategia  emancipadora: el Perú del que será generalísimo y –orgullosamente según la letra de su testamento- “fundador de su Libertad”.

Frente a este libro de Luis Alberto Navalesi, curioso por su forma y original por su fondo, le cabrá al lector dar certeza de la propuesta de las estrofas  si traslada al plano de la epopeya lo propuesto en el siglo segundo de nuestra era por Tertuliano para el orden religioso. Y concluye haciéndole un guiño al poeta aceptando el principio: “Creo porque es absurdo.”
                                                             

(Carlos María Romero Sosa, se publicó en La Prensa el domingo  2 de septiembre de 2018.-)                                                                        

domingo, 26 de agosto de 2018

SAN AGUSTÍN

In interiore homine habitat veritas
San Agustín


¿Acierto o me extravío por mi senda?
Debe el alma ser meta,  donde espera
desnuda la Verdad,  blancor de cera,
a la que doy cegueras como ofrenda. 

Y el nocturnal tanteo tras mi venda
de un espesor que calcular quisiera;
romero y penitente a mi manera,
herido quedo en la fatal contienda,

entre engaño y certeza: alud de piedras
lapidándome en medio de un incendio,
de Dios la chispa en combustión profana.

Voy  por sangres cerrando mi compendio;
trepando muros  aferrado a hiedras.
¿Pierde pie, en la Verdad, la duda humana?  


 (CARLOS MARÍA ROMERO SOSA, se publicó en La Prensa el 19 de agosto de 2018)

martes, 7 de agosto de 2018

EL REBELDE JULIO VÍCTOR GONZÁLEZ

    El martes 8 de noviembre de 1955, LA PRENSA  en la página 7, bajo otras noticias de carácter político y junto al anuncio de un acto de recordación al médico y dirigente del Partido Comunista Juan Ingalinella, desaparecido y asesinado en Rosario durante una sesión de tortura en junio de aquel año, daba cuenta del fallecimiento -el día anterior- del doctor Julio V. González. Luego de destacar su trayectoria de hombre público y publicista, informó que sus restos fueron sepultados en el cementerio de Olivos.  Por su parte el diario La Nación, en la nota necrológica que le dedicó en esa misma fecha, resaltó que el socialismo del hijo rebelde de Joaquín V. González, que ciertamente un conservador progresista, no obedecía tanto a coincidencias económicas con el partido fundado por Juan B. Justo en 1896, sino en la severa conducta política en pro de un mejoramiento colectivo enraizado en gran parte en lo intelectual.  Una formulación  con la que cabe coincidir a la luz de las obras escritas y la acción legislativa del doctor González. Porque en efecto simpatizó con la planificación económica llevada a cabo en la Rusia Soviética a la que juzgó a poco de ocurrida la Revolución de Octubre: “Símbolo de un idealismo rebelde y reconfortante” y en un artículo aparecido en la Revista de Filosofía -lo anota el “Diccionario Biográfico del a Izquierda Argentina” (2007) dirigido por Horacio Tarcus- llegó a exaltar la figura de Lenín. En tanto varios de sus correligionarios se manifestaban librecambistas, obsesionados por la moneda sana y carecían de visión latinoamericanista.
   Consecuentemente en el plano de los recursos naturales González era estatista y nacionalista, sobre todo en materia petrolera: “No existe país en el mundo, grande o pequeño, débil o poderoso, con o sin petróleo en su subsuelo, que no entienda el control absoluto del Estado sobre esa precioso e indispensable sustancia mineral”, escribió en su libro de 1947: “Nacionalización del petróleo”, donde  criticó la política  a su juicio ambigua del primer gobierno de  Perón, que: “sale por la puerta de la nacionalización y vuelve por la de la sociedad mixta. Otro militar será en cambio merecedor de su admiración en la materia: el general Enrique Mosconi,  quien había sostenido que en el tema del petróleo: “No queda otro camino que el monopolio de Estado en forma integral.” En esa misma línea de nacionalismo económico antiimperialista y antioligárquico,  en la Cámara de Diputados a la que ingresó en 1940 por la ciudadanía porteña en la misma lista que los también electos miembros del Partido Socialista: Américo Ghioldi, Silvio Ruggieri, Juan Antonio Solari y Carlos Sánchez Viamonte,   interpeló al ex presidente de la Sociedad Rural Argentina devenido ministro de agricultura, Cosme Massini Ezcurra, al tiempo que denunció los negocios de la multinacional Standard Oil: “La Nación se halla a merced del capital extranjero que opera en nuestro territorio.”
                                                               
 HERMANO DE “MIS MONTAÑAS” y “LA TRADICIÓN NACIONAL”

  Julio Víctor González, nació en 1899 y era el quinto  de los diez hijos del autor de “Mis Montañas” y “La Tradición Nacional” y de su esposa Amalia Luna Olmos. Cuenta su amigo el caricaturista Ramón Columba en “El Congreso que yo he visto” (1978), que le llamaban familiarmente “Bebe” (Más tarde su apodo fue “Palito, debido a su quijotesca figura). En las huellas de su padre, traductor de las Rubaiyat de Omar Kayyan, estudió “La interpretación de la naturaleza en los poetas persas”, un ensayó dado a conocer en la revista “Nosotros” de Roberto Giusti y Alfredo Bianchi.  Se graduó como abogado en la Universidad Nacional de La Plata. Fue profesor de Historia de las Instituciones Políticas Argentinas  en esa casa de estudios, hasta ser cesanteado por la dictadura de Uriburu que lo encarceló acusado de “agitador reformista”. Su libro “Historia Argentina. La era colonial” publicado en 1957, es decir después de su muerte, es en gran medida resultado de sus clases universitarias. Así como revelan la vocación por el Derecho Constitucional y la Ciencia Política tanto su análisis sobre “La filiación histórica del gobierno representativo argentino” de 1937, como la interpretación positiva de Gaspar Mechor de Jovellanos y la influencia del  “Informe sobre Ley Agraria” del asturiano en el pensamiento de Manuel Belgrano y Mariano Moreno, que desarrolló en el libro “Jovellanos y la emancipación argentina” (1945). 

  Reintegrado a sus cátedras en La Plata fue nuevamente exonerado de ellas  bajo la intervención de Ricardo De Labougle y otra vez detenido por el golpe militar de 1943. Una clara manifestación de  los errores y sectarismos de esa asonada llena de contradicciones internas, que tan pronto permitía que germinara en su seno la política pro obrera del entonces coronel Perón, como prohibía el lenguaje lunfardo en los tangos, ungía ministro de Justicia e Instrucción Pública al escritor antisemita Gustavo Martínez Zuviría  o designaba interventor de la Universidad Nacional del Litoral al autoproclamado reaccionario Jordán Bruno Genta, asesinado en 1974 por el ERP. (Genta fue destinatario tras su nombramiento de la crítica de Arturo Jauretche en su texto: “La falsa opción de los dos colonialismos”, lo que  le valió al forjista un juicio por desacato y hasta unos días de prisión). Con respecto a la década del primer justicialismo en el poder iniciada en 1946, González si bien fue por idiosincrasia liberal un severo crítico de todo avance contra las libertades individuales y por aristocracia espiritual repudió la demagogia, llegó a cuestionarse la razón por la que las masas obreras se alejaron del socialismo y polemizó  con la derecha del partido encabezada por Ghioldi, en concordancia con otras figuras partidarias como Enrique Dickman, Carlos María Bravo o Dardo Cuneo, ello sin contar a los socialistas que abiertamente se sumaron al peronismo como el canciller Juan Atilio Bramuglia, el dirigente sindical de los empleados de comercio y después ministro del Interior Ángel Borlenghi, Manuel Ugarte, designado embajador en México y Nicaragua o  Joaquín Coca, ex legislador nacional, periodista y autor del libro “El contubernio”.  Comenta al respecto Vicente Osvaldo Cutolo en “Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres” (Tomo I, 1988), que González “cuando apareció el peronismo no aceptó la interpretación que lo definió como un fascismo vernáculo, y quiso indagar sobre el fenómeno político, buscando los aspectos positivos, denunciando sus limitaciones y errores.”

EL REFORMISA UNIVERSITARIO

  En este año 2018, cuando se conmemora el centenario de la Reforma Universitaria, es de advertir que poco se menciona a González, uno de sus ideólogos y protagonistas y como tal reconocido en su hora al par que Alfredo Palacios: “Maestro de la Juventud”. En efecto, a poco de iniciarse el conflicto viajó a Córdoba en representación de la Federación Universitaria de La Plata –“La primera tentativa de reforma se llevó a cabo con la fundación de la Universidad Nacional de La Plata”, concluyó Carlos Sánchez Viamonte-  y su ideario juvenilista, en buena medida influenciado por José Ingenieros, el “arielismo” del uruguayo  José Enrique Rodó, el “raciovitalismo”  de Ortega y Gasset  y a tono con el “Paso a los jóvenes” que había reclamado ya en 1896 desde las columnas de “El Tiempo” el entonces “poeta socialista” Leopoldo Lugones, según la calificación de Rubén Darío, se plasmó en los sucesivos volúmenes: “La revolución universitaria” (1922), “La reforma universitaria” (1927 y “La emancipación de la universidad” (1929). Pero no  quedó en la teoría o en el recuerdo de las épicas jornadas cordobesas vividas junto a Deodoro Roca, Gregorio Bermann, Saúl Taborda, Ismael Bordabehere, Emilio Biagosch y tantos otros, su programa y toma activa de posición por una Universidad nueva y abierta a la modernidad y al pueblo, con cogobierno estudiantil, docencia calificada, libertad de cátedra y carente de rigores dogmáticos, algo que por cierto escandalizó a los sectores de poder  y al mismísimo  obispo de Córdoba, el franciscano Monseñor Zenón Bustos y Ferreyra, que en su carta pastoral “La revolución social que nos amenaza” combatió la acción de los jóvenes alzados en la Casa de Trejo.    
  Como bien han recordado en el libro “Los reformistas” (1968) sus autores  Alberto Ciria y Horacio Sanguinetti, en junio de 1925 González, miembro del Consejo Directivo de la Facultad de Derecho de la UBA,  redactó de su puño y letra la impugnación al decano Ramón Castillo, documento suscripto también por Carlos Sánchez Viamonte y Florentino V. Sanguinetti, reclamando entre otras cuestiones  al  después Presidente de la Nación, haber recibido al príncipe Humberto heredero de la dinastía de los Saboya, en agravio de  la tradición democrática y los principios universitarios.
  Su gravitación en el campo reformista resultó tal que en 1929 el alumnado de la Facultad de Derecho de la UBA lo proclamó Decano Revolucionario. Intentó fundar un Partido Reformista con un trasfondo socialista, (antes había militado en la Democracia Progresista); proyecto que no llegó a cuajar, en parte por el advenimiento del golpe militar del 6 de septiembre de 1930, al que consideró una “restauración oligárquica” y a partir del cual  no sólo se rompió el orden constitucional  sino que se impugnaron desde el poder tanto los afanes de la Generación del 18¨, iniciándose la etapa antirrefomista con las intervenciones a las universidades nacionales –Alfredo Palacios, decano de Derecho (UBA) desde 1930, fue destituido-  y la aprobación en 1931 de un estatuto que limitaba  la participación estudiantil en el gobierno de la Universidad, como así también se revió la política petrolera nacionalista de Hipólito Yrigoyen y el general Mosconi.
  La empresa YPF en ejercicio del monopolio de nuestra riqueza de hidrocarburos y la Reforma que conquistó  la “Universidad señorial” (para) “el hombre libre” al decir de Aníbal Ponce en 1935; una Universidad donde  los pobres puedan concurrir  como de hecho lo vienen haciendo –algo que parece desconocer la  gobernadora bonaerense Vidal en sus declaraciones con alta propagación mediática-,  fueron dos progresistas y patrióticos desafíos que convocaron siempre el nervio y la mente del doctor Julio Víctor González. Un rebelde con causa al que homenajea una calle que rodea la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales porteña, así designada desde  1960 por Ordenanza Número  16358.


(Carlos María Romero Sosa, se publicó en La Prensa el 29 de julio de 2015)                     

sábado, 4 de agosto de 2018

UNA ORIGINALIDAD ARGENTINA: REPETIR EL JARDÍN DE INFANTES


                                                                     
                                                                        Fue la poeta y juglar María Elena Walsh quien acuñó en 1979 la expresión “País jardín de infantes”. Una imagen  que hacía referencia en momentos de dictadura militar,  a los desvaríos de la censura y el silencio sobre  múltiples temas exigido desde las esferas oficiales: “Cuando ya nos creímos libres de brujos, nuestra cultura parece regida por un conjuro mágico: no nombrar para que no exista.” Y aunque la escritora no lo decía, lo peor del caso era que toda la represión  era aceptada, de algún modo, por la inmadurez y la ciclotimia de gran parte de los habitantes, triunfalistas y patoteros en el fútbol, pero desinteresados en imaginar grandes epopeyas nacionales, en las que resultara necesario jugarse o exponer algo más que una ronquera gritando un gol de la Selección. Eran otros tiempos y entre tamañas desventuras no se hablaba entonces de “bullyng” escolar, algo que desnuda hoy la crueldad infantil y que hace mirar con cierta preocupación el mundo de los niños. 
                                                                       La Argentina del presente sigue siendo ese Jardín de Infantes, poblado con gente ciclotímica e irresponsable como lo muestran los índices de accidentes de tránsito, y dirigentes políticos corruptos  carentes de  criterio, vocación por el bien común y  en consecuencia afectos a callar la realidad o disfrazarla con estadísticas mendaces. Tanto aquellos que desde el poder son  capaces de destruir la calidad de vida de grandes sectores de la población, arrastrándolos a condiciones infrahumanas al  hacer de los servicios de agua, electricidad, gas y  transporte público bienes imposibles de pagar, y también los otros de la presunta oposición -los Picheto, los Urtubey, los Massa, etcétera-, colaborando, con el argumento de la defensa de la institucionalidad más allá de algunas críticas puramente formales, con el plan económico hambreador del pueblo al servicio de los grupos adinerados del país  y del  capitalismo internacional.
                                                                  En tanto la sociedad, con honrosas excepciones,  más que reunida para epopeyas colectivas con antecedentes que van quedando cada vez más lejanos –las huelgas revolucionarias de la FORA anarquista; el “Ultimo Malón” de los aborígenes mocovíes  en 1904;  la elección de Alfredo Palacios como primer diputado socialista de América  ese mismo año con el voto de la barriada popular e inmigratoria de la Boca del Riachuelo;  el Grito de Alcorta de los chacareros pobres de 1912; la rebelión estudiantil reformista de 1918; el 17 de octubre de 1945; la resistencia peronista, el Rosariazo y el Cordobazo de 1969; las rondas de las Madres de Plaza de Mayo y la masiva irrupción del movimiento de Derechos Humanos como respuesta al golpe de 1976 y el genocidio subsiguiente; el estallido social que se llevó puesto a Cavallo-De la Rúa  y su plan recesivo y entregador de soberanía a los intereses financieros en diciembre de 2001, entre otras gestas-,  parece estar distribuida en rincones jardineros. Y lo peor es que pocos son los que atienden al suyo.
                                                                Así se plantean grandes debates que acaban en groseros tironeos de fanáticos. Uno de ellos ha sido el tema de la legalización del aborto. No se han escuchado en las audiencias públicas  llevadas a cabo en el Senado de la Nación, líneas intermedias ni puente alguno tendido entre posiciones irreconciliables: todo se reduce a actitudes binarias y maniqueas; sin voces capaces de repudiar a la vez el jolgorio de muchos, muchas y muches ante la posibilidad de aprobar  la interrupción voluntaria del embarazo y con la misma fuerza oponerse al retorno de la inquisición con sus autos de fe  de la mano de grupos autodenominados “ProVida”, con integrantes que ahora descubren la beatitud del Papa Paulo VI por su discutible encíclica de 1968 “Humanae Vitae”, contra la píldora anticonceptiva, cuando sus mentores de ayer como el ultraderechista Carlos A. Disandro, ideólogo de la parapolicial CNU, gustaban  tratarlo de apóstata y arriano debido a la apertura demostrada en otros órdenes por ese Pontífice, como su ecumenismo y la objeción a culpar al pueblo judío por la muerte de Jesús.
                                                            Unos y otros fueron  distorsionando el sentido de  la discusión, al punto que algunos antiabortistas no sólo se oponen al aborto legal o desincriminado, sino que critican la educación sexual que enseña a evitar embarazos no deseados; llegándose al extremo que un médico vinculado con los sectores más conservadores del gobierno del que su ONG recibe abultados subsidios, llegó al absurdo y la inconciencia criminal, de cuestionar el uso del preservativo contra toda razón científica y humanitaria frente a flagelos como el SIDA y demás enfermedades de transmisión sexual.
                                     La Iglesia Católica -a la que pertenezco- lógicamente es antiabortista y mueve en bloque su influencia en ese sentido, lo cual lleva a pensar cuántas vidas se hubieran salvado de haber tomado una actitud tan clara y compacta frente a la dictadura genocida de Videla y sus secuaces. Para no ser injusto recordaré que no precisamente desde la tribuna abierta en el Congreso, sino trabajando en los barrios más carenciados, los curas villeros como el padre Pepe Di Paola o el padre de Lorenzo de Vedia –en 2017 prepoteado por integrantes de la Prefectura Naval-, además de cuestionar el aborto por momentos con argumentación de difícil verificación el primero de los nombrados, como que la proyectada ley que se discute responde a una imposición del FMI, dan contención efectiva a las mujeres embarazadas y no señalan con el dedo acusador a las que interrumpieron o interrumpen el embarazo. Nada que ver con el fariseísmo de ciertos sectores  “ProVida”, que hasta hace muy poco criticaban con saña el hecho que “los pobres tengan muchos hijos”,  y ahora se rasgan las vestiduras frente al drama –que lo es en cualquier caso- del aborto.   
                                                            Macri, quien abrió la caja de Pandora al promover este debate legislativo, se siente tironeado tanto por sus votantes ultras, más inquisitoriales que Torquemada y Eymeric juntos, como por los más progresistas que integran su espacio neoliberal. Entonces acaba de sacar otra carta de la manga: el Decreto 683 sobre las reformas del rol de las Fuerzas Armadas en la Defensa Nacional, algo que contradice la legislación vigente en la materia, fruto del consenso social después de la experiencia del terrorismo de Estado y los 30.000 desaparecidos. Tal nuevo instrumento, a todas luces repiquetea como aprestos  de  represión ya que más que una maniobra de distracción  aconsejada por el inefable asesor Durán Barba, podría decirse  que es una táctica para curarse  en salud, ante la creciente conflictividad social resultado del plan económico de ajuste perpetuo acorde con los dictados, esos sí indudables,  del FMI.
                                                          Todo vale en este kindergaten inimaginado por Friedrich Fruebel, pero anticipado por nuestra María Elena Walsh. Así hay que hacer alharaca con las por cierto torpes declaraciones recientes del dirigente piquetero Luis D´Elía sobre que habría que fusilar al ingeniero Macri en la Plaza de Mayo. Lo ilustrativo es que sus detractores y denunciantes ante un Poder Judicial presto a encarcelar opositores –Milagros Sala cumple prisión preventiva en Jujuy (en la actualidad domiciliaria) desde pocos días después de la asunción del gobernador Gerardo Morales en esa provincia feudal, en diciembre de 2015-, suelen condolerse públicamente de los militares  condenados por crímenes de lesa humanidad, pedir su liberación y hasta exigirla como en  2015 en que desde un artículo editorial lo hizo (sería bueno saber quién fue su redactor) el viperino diario La Nación, por fortuna para la democracia sin eco alguno.  (La vomitiva “Tribuna de doctrina” según se autotitula La Nación, está tan “jugada por la vida” que el domingo 29 de julio del corriente publicó un artículo de fondo contra el aborto y el 30, en la misma sección pretende, a través de un libelo, encubrir el asesinato del obispo Enrique Angelelli perpetrado el 4 de de agosto de 1976 y dudar de su evangélica acción pastoral oponiéndose a la apertura de su  proceso de beatificación.)

        Los argentinos somos originales: repetimos el Jardín de Infantes, aunque no reprobamos ciertas asignaturas como la que podría llamarse juegos prohibidos al mantener el tic de elegir malos gobernantes; así como otra: amistades peligrosas,  según lo prueban los estrechos vínculos con el FMI, el Banco Mundial y la nueva “relación carnal” con los Estados Unidos de América.             

Carlos María Romero Sosa, se publicó el 4 de agosto de 2018 en la Revista Con Nuestra América, de San José de Costa Rica, y en Salta Libre.net.)                                             

martes, 17 de julio de 2018

DESPIDO EN TÉLAM QUE AGRAVIA LA CULTURA

  
   Tan injusto y arbitrario  como el resto  de las más de trescientas cincuenta cesantías ordenadas por el ingeniero Hernán Lombardi en  TÉLAM, notificadas días atrás, es el despido del destacado fotógrafo gráfico Carlos Brigo al que no tengo el honor de conocer personalmente. Sin embargo  yo como  muchos otros, recuerdo y admiro en él su arte comprometido con las causas nacionales y populares.
  Sin ir más lejos, Brigo nos emocionó hace poco, igual que a tantos compatriotas, al inmortalizar con su cámara el velatorio del sacerdote Luis Farinello, que cumplió su apostolado en los barrios más marginales de los empobrecidos cordones suburbanos  bonaerenses; nos llenó de rabia e impotencia con sus tomas de la actuación policial frente a manifestantes sin palos ni caras tapadas reprimidos en el contexto del tan mentado protocolo contra los piquetes o nos trasmitió el más noble  sentimiento de patriotismo –“Amar la patria es el amor primero/ y es el postrer amor después de Dios,” escribió en un soneto el padre Leonardo Castellani- con sus instantáneas de multitudes portando  la bandera argentina en las marchas recientes contra el FMI reunidas ante el convencimiento que “la Patria está en peligro”. 
  Pero asimismo, los que tenemos algunos años vividos, podemos recordar cómo despertó nuestro estupor allá por 1984 cuando la primavera democrática de Alfonsín,  su impactante trabajo de documentar en una foto histórica la actitud patoteril del militar genocida Luciano Benjamín Menéndez que cuchillo en mano intentaba arremeter  contra las Madres de Plaza de Mayo encabezadas por Nora Cortiñas, a la salida de Canal 13 luego de ser reporteado por Bernardo Neustadt y Mariano Grondona en el programa Tiempo Nuevo.  (También esa noche del 21 de agosto del 84´, un colega de Brigo, el también fotógrafo gráfico Enrique Rosito, de la Agencia DYN, captó otra imagen del mismo hecho que dio la vuelta al mundo.)                        

 Definitivamente la agencia oficial TÉLAM no puede prescindir de alguien de tal trayectoria, eso debiera saberlo el ingeniero Lombardi, tan obsesivo con hacerle ahorrar dinero al Estado, claro está que si no se trata de sus propios sueldos oficiales que de una manera u otra –salvo alguna breve interrupción-  viene percibiendo desde que en 1999 fue designado por el gobierno de la Alianza a cargo de la Secretaría de Turismo de la Nación. Y lo antedicho vale para el resto de los injustamente despedidos, algunos con serios problemas de salud según informaron y denunciaron varios órganos de prensa orales y escritos, y sin duda imprescindibles trabajadores todos de la información pública, actividad cada vez hoy más concentrada y en manos de los amigos del gobierno.
 Bueno sería entonces que el otro ingeniero, el presidente Mauricio Macri,  conociera el pensamiento hace pocos días manifestado por el Papa Francisco  en Santa Marta contra los medios que buscan destruir la comunicación libre, para entregar todo el aparato comunicacional a empresas que dicen falsedades y debilitan la vida democrática.-


(Carlos María Romero Sosa, se publicó en la Revista Con Nuestra América, de San José de Costa Rica, el 14 de julio de 2018 y algo más reducido en la sección Correo de Lectores de La Prensa del mismo día.-)
  


sábado, 7 de julio de 2018

ARGENTINA: DÓLAR IMPARABLE: EL AMARGO TÉ VERDE DEL MACRISMO

  
 Refiere Nietzsche en uno de los capítulos de su libro “Hecce Homo”, que en agosto de1881,  cuando caminaba a través de los bosques junto al lago de Silvaplana,  se detuvo frente a una imponente roca elevada en forma de pirámide no lejos de Surlei “a seis mil pies del hombre  y del tiempo”, con la intuición del eterno retorno. Yo vivo en el año 2018 y no estoy en el valle suizo de Engadina sino en la ciudad Autónoma de Buenos Aires: sin embargo me invade, no por cierto un pensamiento creador, sino otro de preocupación por el descalabro económico producto de la pésima gestión del ingeniero  Mauricio Macri y su equipo de empresarios y ex condiscípulos suyos del colegio secundario, hoy devenidos en  ministros del Poder Ejecutivo. Circunstancia que todo hace pensar resultará en otra de las cíclicas crisis terminales de las que aproximadamente cada década  resultamos víctimas los argentinos y cuyo primer síntoma es el desbocarse del dólar.  
  Se trata ciertamente de una suerte o para el caso mala suerte de eterno retorno, que poco tiene que ver con aquella fórmula suprema de afirmación que decía el filósofo alemán y en cambio pone en acto una decadente repetición de nuestro fracaso como sociedad, en gran medida responsable  de elegir pésimos gobernantes y apostar al triunfalismo futbolero, en cuestiones que hacen al bien común. Por de pronto  es esta una sociedad siempre propensa en su inmadurez a  tener a mano a frases echadas a rodar por la propaganda oficial,  en los multimedios monopólicos que  ahora sostienen y promueven este proyecto neocolonial y hambreador, igual que ayer al menemismo y anteayer a la dictadura y el plan de Martínez de Hoz bendecido por la Trilateral y Kissinger. Se trata de medios que son en verdad los mandantes de gobiernos antinacionales y  que a este presidente lo mantienen  a rienda corta dictándole lo que debe hacer. Ya antes de asumir el diario La Nación le indicó, con el viperino mensaje que caracteriza a la “Tribuna de Doctrina”, amnistiar a los militares genocidas presos. Concedámosle una a favor a Mauricio Macri: no lo hizo.
  Entre la opinión pública y la publicada debería haber un abismo, a juzgar por los intereses sectoriales del cuarto poder   enfrentados a la calidad de vida del común de la gente, salvo excepciones como el canal C5N con sus directivos presos.  No lo hay sin embargo y en cambio la pretendida inteligencia suele acuñar y difundir desde allí nuevas zonceras argentinas, con riesgo semejante para la Nación y el Pueblo a un reguero de pólvora. Así: “Si le va bien a Macri, nos irá bien a todos”;  un oxímoron a la vista del ideario neoliberal que en la campaña disimulaba el entonces candidato. Porque si tuviera éxito su plan y los números macroeconómicos le cerraran, esto acarrearía como contrapartida la recesión y la miseria imaginables, siendo los beneficiados los mismos sectores del privilegio que lo fueron siempre y lo siguen siendo ahora pese al abultado déficit fiscal: las oligarquías, el FMI y los usurarios acreedores de la deuda externa que el gobierno agigantó desde diciembre de 2015.   
  Con los que le creyeron, los que le quisieron creer y aquéllos a los que les convenía su triunfo electoral,  ganó las elecciones presidenciales en 2015, para disgusto de su padre el empresario Franco Macri,  prebendario pero poco  dado a equivocarse quien decía no verle manos para la política a su hijo. A renglón seguido comenzaron el mandatario y su famoso “equipo” en la terminología duranbarbista, con la tarea de ir destruyendo una a una las conquistas sociales, que incluso buena parte de sus votantes de clase media y de manera inverosímil de sectores humildes, esto último explicable sólo por el bombardeo mediádico antedicho,  daban por irreversibles. En lo que no mintió el ingeniero fue en el slogan de “Cambio”. Un cambio por cierto reaccionario mostrado al elevar hasta cifras delirantes e impagables el precio de los servicios de agua, electricidad y gas; modificar en  menos la fórmula de actualización de jubilaciones y pensiones, impedir la paritaria nacional docente; quitar retenciones a los eternos ganadores de la Sociedad Rural y a los empresarios mineros; favorecer al sector bancario y financiero en detrimento de la producción y embretar a la población con una inflación que día a día carcome sus ingresos. La fanfarroneada creación de puestos de trabajo del año pasado, se redujo a actividades precarizadas y a monotributistas; grupos que al presente son las primeras víctimas de la desocupación.   
  A poco la suerte de populismo de derecha,  del otrora sonriente y danzante candidato fue endureciéndole el gesto y ante la creciente protesta social apareció la amenaza de la represión; una respuesta oficial que se llevó primero la vida del joven artesano Santiago Maldonado cuando apoyaba las  reivindicaciones de los mapuches en la Patagonia y poco después, allí mismo, la de Rafael Nahuel en manos del grupo Albatros de la Prefectura Naval. 
  Para tranquilizar a los ultras y halcones que están a su derecha y exigen mano dura,  el Jefe de Estado anunció  el último 29 de mayo: Día del Ejército –y también aniversario del Cordobazo, porque la cronología suele hacer guiños de ojo en el juego de truco de la historia-  la necesidad de que  las Fuerzas Armadas  brinden apoyo logístico a las Fuerzas de Seguridad, para lo cual deberá  modificarse el Decreto 727/2006 reglamentario de la ley 23.554 que lo impide.  
  En tanto, la alianza “Cambiemos” va sin rumbo y no precisamente a los estadios del Mundial de  Rusia, descalificada la lamentable y caótica Selección Argentina en el partido con Francia. Va a los saltos con la inefable diputada Elisa Carrió mixturando politiquería barata con Ciencias Sagradas y proponiendo dar propina en una caricaturesca versión posmoderna de la Damas de Beneficencia del pasado, que la hacían en serio y tenían distinción y  refinamiento, cualidades de las que no  goza  la pretendida Fiscal de la República. Con el radicalismo apostatando de su tradición reformista y mirando para otro lado cuando la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal manifiesta que los pobres no van a la universidad. Y con sus casi aliados en el Congreso, como el oportunista ex UCD Sergio Massa, y entre los gobernadores  Juan Manuel Urtubey, toman ya prudencial distancia al oler como las mulas la tormenta en ciernes previendo que no habrá fácil reelección en el 2019 para Macri, que desde hace meses debe beber el amargo te verde de la corrida cambiaria.  
  Nada novedosa por lo demás resulta esta debacle. La naturaleza de las cosas, verbigracia del capitalismo periférico,  a más de la historia reciente enseñan que las experiencias neoconservadoras, por de pronto en la Argentina y el Tercer Mundo, están condenadas al fracaso, así gobernaran verdaderos estadistas. Cuánto más en el caso de ineptos bajo sospecha de corrupción o de “conflicto de intereses”, según el justificante eufemismo que gusta emplear la señora Laura Alonso, titular de la Oficina Anticorrupción del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.-

(Carlos María Romero Sosa, se publicó en la revista Con Nuestra América, de San José de Costa Rica, el 7de julio de 2018)